El cáncer de pulmón es el tercero más frecuente en la población española y, como en el resto de cánceres, se trata de un tumor maligno que, en este caso, puede originarse por tres motivos:
- Crecimiento local: el tumor, situado en el interior pulmonar, invade el exterior a través de la pared del pulmón, pudiendo afectar a estructuras contiguas como son el corazón, el esófago, los grandes vasos o los cuerpos vertebrales.
Diseminación linfática, es decir, a través de la linfa; si los tumores se localizan en el tercio medio o inferior del pulmón influyen en los ganglios situados en la zona que se encuentra entre los dos pulmones, mientras que si están en el tercio superior, afectan más a los ganglios situados encima de las clavículas.
Diseminación hematógena o metástasis: el tumor se extiende a través de los vasos sanguíneos; suele llegar al hígado, a las glándulas suprarrenales (situadas encima de los pulmones), al cerebro y a los huesos.
En cuanto a los síntomas, generalmente solo se producen cuando el cáncer ya se ha propagado, aunque sí existen casos en los que se pueden apreciar en etapas tempranas.
Entre los principales síntomas se encuentran:
Tos que no desaparece o empeora
Tos con sangre o flema (ha de ser del color del metal oxidado)
Dolor en el pecho, pudiendo empeorar al respirar profundamente, toser o reír
Ronquera
Pérdida del apetito
Pérdida de peso sin motivo
Dificultad para respirar
Cansancio y debilidad
Infecciones que no desaparecen o que persisten (bronquitis, neumonía…)
Silbido de pecho
Además, en caso de propagarse y originar metástasis, puede provocar:
Dolor de huesos (espalda y caderas)
Propagación al hígado: coloración amarillenta de piel y ojos
Propagación al cerebro: alteraciones del sistema nervioso (dolores de cabeza, debilidad de extremidades, mareos…)
Hinchazón de ganglios linfáticos

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