No es posible saber con exactitud por qué una persona padece cáncer y otra no, pero mediante estudios epidemiológicos se ha visto cómo hay ciertos hábitos que influyen.
Dentro de los factores de riesgo, se puede hacer una diferenciación entre los que se pueden controlar y los que no. En los primeros, encontramos el consumo de sustancias como el alcohol, que puede aumentar el riesgo de cáncer, o el tabaco, que es la causa principal de cáncer y de muerte por cáncer, bien sea siendo fumador activo o pasivo. Además, la obesidad puede suponer un riesgo a mayores de varios tipos de cáncer, como el de seno, riñón o páncreas, entre otros.
Otro de los factores de riesgo más comunes es la radiación ultravioleta, que causa el envejecimiento prematuro de la piel y daños que pueden resultar en cáncer de piel. Las radiaciones ionizantes como el radón, los rayos X presentes en pruebas diagnósticas como las radiografías o las tomografías computerizadas, rayos gamma… presentan la energía suficiente también para dañar el ADN y causar cáncer.
En relación con el ambiente en el que vivamos también podemos tener más posibilidades de padecerlo, como si por ejemplo estamos expuestos a sustancias como el arsénico o el cadmio en grandes cantidades durante mucho tiempo, aunque siempre dependiendo de los antecedentes genéticos de la persona.
Por otro lado, entre los factores de riesgo que no podemos modificar está la edad, siendo la media de un diagnóstico los 66 años, aunque esta varía según el tipo de cáncer, por ejemplo, el cáncer de hueso o la leucemia es más común en gente de menos de 20 años; tampoco se pueden cambiar los factores de riesgo hereditarios, que suelen estar relacionados con mutaciones génicas que se heredan de los padres.
Por otra parte, ciertos gérmenes infecciosos, virus, bacterias o parásitos pueden causar cáncer o aumentar el riesgo ya que interrumpen las señales que controlan normalmente el crecimiento y la proliferación de células. En esta misma línea tenemos también a los receptores en trasplantes de órganos, que toman inmunosupresores, haciendo que el sistema inmunitario sea menos capaz de detectar y destruir las células cancerosas o de combatir ciertas infecciones que causen cáncer.
Por último, hormonas como los estrógenos o la progesterona son factores de riesgo de ciertos cánceres como el de seno, siempre que la exposición sea por un periodo largo de tiempo o las concentraciones de estas hormonas sean elevadas.
A modo de conclusión podemos ver que la mayoría de los factores de riesgo están relacionados con la conducta o el ambiente y son evitables, aunque existen ciertos factores como los biológicos o los hereditarios que son inevitables, pero aún así, es importante conocerlos para que el doctor los tenga en cuenta y hacer pruebas de detección a tiempo en caso necesario.
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