El cáncer no afecta simplemente de forma física, el diagnóstico de este supone una grave afectación emocional tanto para el paciente que pasa de ser una persona sana a una persona enferma como para su familia. Tras recibir esta noticia los pacientes pasan por diversas fases:
Negación: los pacientes no aceptan el diagnóstico; piensan que es una equivocación y que ellos no pueden padecer esa enfermedad.
Ira: estos pacientes sienten ira hacia todo lo que los rodea: familia, personal sanitario e incluso hacia sí mismos.
Pacto: en esta fase los pacientes tratan de negociar con todo el que les rodea para retrasar las consecuencias negativas que conlleva la enfermedad.
Depresión: los enfermos se sienten perdidos, confusos, tienen miedo y lloran con frecuencia.
Aceptación: finalmente el paciente reconoce que padece cáncer y se pasa a la búsqueda de estrategias para hacerle frente.
Tras encontrar una estrategia para enfrentar esta enfermedad llega el tratamiento; esto supone un gran impacto en la imagen que tiene el paciente de sí mismo. Suele experimentar tristeza, desesperanza, apatía, sentimiento de inutilidad, ideas de culpa, angustia, miedo e irritabilidad. Cabe destacar que la baja autoestima es característica de estos pacientes mientras están en tratamiento de quimioterapia ya que la caída del pelo y otros empeoramientos físicos como la hinchazón por la medicación producen que se sientan feos, desagradables y, como consecuencia, se aíslen socialmente.
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